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Maratón de Boston 2012, la más extrema

Se cumple la edición 116 desde que un grupo de valientes decidiera imitar a Filípides y recorrer los 42k en Boston

23 Abril 2012

En mi caso, se trata de la quinta maratón de las consideradas

Se cumplen 116 ediciones desde que un grupo de valientes decidiera imitar a Filípides y correr los 42 km y 195 metros en Boston. En mi caso, es mi quinta maratón, y la cuarta del circuito de las consideradas "Majors"; a saber, Nueva York, Londres, Berlín, Boston y Chicago.

La Maratón de Boston es la que, exige una marca mínima para poder participar, muy exigente, por cierto. También dejan un grupo de dorsales para corredores no tan brillantes, como es mi caso.
Salimos el sábado 14 de abril desde Madrid mis amigos Manolo Villanueva y Carlos Calderón, junto con un grupo de otros 23 valientes. Entre ellos, había atletas con marcas de 2 horas 30 minutos, lo cual es increíble para un corredor popular. Al día siguiente de nuestra llegada, nos acercamos a la feria del corredor. Espectacular. Todas las casas comerciales lucían sus mejores galas con el ánimo de atraer a curiosos y compradores. Mi dorsal, 26.377. Nuestro hotel se encuentra a 300 metros de la meta.

Contemplamos todo el montaje de las gradas y de la línea de meta. Ya empezamos a sentir mariposas en el estómago. Pero hay un detalle que nos tiene muy preocupados. CALOR. Hemos recibido correos de la organización donde nos informan que la temperatura prevista para el día de la carrera son 24grados a la hora de salida, pudiendo llegar hasta los 34º, con una humedad relativa del 80%. Una barbaridad. Ofrecen la posibilidad de guardar la marca de este año para el que viene para todo aquél que decida no correr. Llama la atención una frase: “Boston 2012 no es una carrera para batir nuestra mejor marca, es sólo para llegar”.

DÍA DE LA CARRERA

Suena el despertador a las 5:15 de la mañana. Ya estaba despierto gracias al ‘jet lag’. Nos vestimos y quedamos con el resto del grupo para ir andando a la zona de recogida. Nos esperan los típicos autobuses escolares de color amarillo que nos llevarán hacia la salida en Hoptington. Se prevén nos 22.000 corredores. Casi 5.000 se lo han pensado mejor y lo dejan para el año que viene. ¡Vaya ambientazo! Hay mucho nivel de corredores. La gente viene muy bien preparada. Una vez se acerca la hora de salida, nos dirigimos a nuestro ‘corral’. Salimos en la tercera oleada, a las 10:40 de la mañana. Ya hace un calor increíble. Nos da esa risilla nerviosa antes de un acontecimiento importante. Manolo y yo nos abrazamos. Mucha suerte amigo. Hemos decidido ir juntos y acabar. Nada de heroicidades, conservadores al máximo. Yo tiraré de él y él de mí cuando no podamos. Mi momento favorito es éste cuando recuerdo por quién estoy aquí. Estos 42 km se los dedico a personas especiales que se han cruzado en mi camino y me han hecho mejor persona y mejor médico: Mely Álvarez, Lali Díaz, Inma y Marybel Serrano. Va por vosotras. Suena a toda pastilla el Simply Irresistible de Robert Palmer y disparo de salida. Tardamos 5 minutos en comenzar a correr.

Km5. Qué calor. Corremos con gorra y gafas y nos hemos embadurnado de protector solar. Hay que beber en todos los puestos, vital si queremos llegar. Caminamos mientras bebemos para no derramar ni una gota. Esta zona está repleta de casas unifamiliares. Algunos en pijama salen a animar.

Km 10. Vamos muy despacio, a 5:40 por km. Todo lo que ahorremos ahora, lo tendremos al final. En cada avituallamiento, cogemos dos vasos (no hay botellas), una para beber y otro para derramarlo por la cabeza. El recorrido es un continuo sube y baja. ¿Quién dijo que Boston era llana?

Km 15. Vamos bien excepto Carlos; se ha quedado. Las piernas no le van. Su madre falleció hace 3 semanas y va a acabar sí o sí. Sorprendentemente, se empiezan a retirar corredores, mucha gente caminando. ¡Esto es Boston! Los mejores están aquí y ya les ha pasado factura el calor. Madre mía, ¿entonces yo?

Media Maratón. Dos horas. Sudando a mares. Bebemos isotónico, además de comer naranjas, geles, plátanos y todo lo que nos ofrece el público. Increíble el apoyo. La gente en la calle chilla y anima tanto o más que en Nueva York.

Km 30. El rosario de corredores que van caminando es interminable. El público nos moja con cubos y mangueras y se agradece. De un puesto de bebida a otro, la ropa se seca. Hay unas subidas muy respetables que pasan factura, pero la más temida está por llegar.

Km35. Heartbreak Hill. Subida mítica de la maratón de Boston. Llevamos tantas cuestas que a mí no me parece gran cosa. Manolo ha empezado con calambres y se ha tenido que parar a estirar. Sigo solo. Empieza a verse Boston a lo lejos. Los alumnos del Boston Collegue se dejan la voz animando y sus carteles son de traca: “Bésame porque soy alta” o “bésame porque voy a ser astronauta”. Puntazo.
Km40. Tengo que pararme. Mi gemelo derecho ha cobrado vida y no puedo seguir. Me duele todo. Decido caminar un rato y tras estirar noto que el dolor cede y reanudo mi carrera. Una canadiense me grita en español “VAMOS ESPAÑA” y sonrío aunque no puedo más. Soy una contractura andante. A pesar de las decenas de vasos de agua que he bebido, mi organismo acusa la falta de sodio y potasio, de ahí los calambres. Mi cuerpo no es mi amigo. Pienso en una frase que leí: “Mi corazón y mi mente llevarán a mi cuerpo cuando mis piernas no puedan más”. Aprieto los dientes y sigo. Ya veo la meta. Unos 800 metros calculo, que se me hacen eternos. El ruido es ensordecedor.
Voy como a cámara lenta, disfrutando de este momento pero con ganas de llegar. Abro los brazos como si esperara que la meta me aspirase y me dejo ir... ¡¡¡Final!!! 4 h 10 minutos. Lloro como nunca. Casi no puedo andar. Se me han subido los gemelos de las dos piernas. Me paro y estiro hasta que ceden. Bebo y como todo lo que me dan. Qué esfuerzo más extenuante. Ha sido lo más duro que he hecho en mi vida. Si no hubiera ido tan bien preparado (gracias Roberto Iglesias), no sé qué habría pasado. Ciento veinte corredores acabaron en el hospital. Ninguna desgracia que lamentar. Un corredor famoso dijo que no sabía dónde estaban sus límites. Yo sí he visto los míos bastante cerca.
El Dr. Manuel Villanueva junto al Dr. Antonio Ríos, en la Maratón de Boston

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Última actualización: 17/08/2018
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