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Noticias, artículos y consejos prácticos para prevenir lesiones

Entrevista al Dr. Diego Ferrández

"Siguen existiendo cirugías de columna complejas, pero son aquellas que ni siquiera llegaban a plantearse hace sólo unas décadas"

11 Agosto 2014

Muchos pacientes tienen miedo a pasar por quirófano, gracias al Dr. Diego Ferrández Sempere, nos acercamos un poco más a las intervenciones quirúrgicas de la espalda.

Doctor, está usted dedicado exclusivamente a la cirugía de columna. ¿Cuál ha sido su trayectoria?


Mi trayectoria empezó en 1996, cuando comencé a ver pacientes de columna mientras realizada mi especialización en Neurocirugía en el Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. Debo agradecer lo que creo que fueron unas sólidas bases formativas a todos mis colegas en aquellos años, en especial a los doctores Carcavilla (DEP), Eiras, Alberdi y Gómez-Perún. Posteriormente fui completando el entrenamiento en estancias y cursos nacionales e internacionales a la vez que me trasladé al Hospital General Universitario de Elche, donde gracias al incondicional apoyo de los doctores Segura y Mendoza pusimos en marcha novedosas técnicas en cirugía de columna. Siempre hemos podido presumir (espero que sin caer en la inmodestia) de estar a la vanguardia. Éste fue el motivo por el cual decidí finalmente dedicarme a la patología de columna en exclusiva, abandonando otras parcelas de la especialidad.

¿Qué puede decirnos sobre la percepción que los pacientes tienen de la cirugía lumbar en la actualidad?


Probablemente se deba al desconocimiento colectivo acerca de la médula espinal, muchos pacientes siguen preguntando si pueden quedarse en silla de ruedas si se someten a una operación lumbar. La médula, es la causante de posibles parálisis en los miembros, y esta termina a la altura de la primera vértebra lumbar.

Debajo de este nivel, habría que dañar todos los nervios lumbares para causar una paraplejia, por lo que existiría la posibilidad teórica pero no es lo más común. Las complicaciones más comunes (que no frecuentes) tienen que ver con infecciones, fugas de líquido cefalorraquídeo, aflojamiento de implantes o incluso el temido síndrome postlaminectomía.

En el peor de los casos puede existir una pérdida de fuerza en un pie o alguna parte de la pierna si se lesiona alguna raíz nerviosa, pero esto nunca impide la ambulación.

Hace unas décadas la cirugía lumbar era temida no sólo por las posibles secuelas, sino por la dura convalecencia en cuanto a tiempo de reposo, corsés, rehabilitaciones, etc. ¿Ha habido cambios en este sentido?


Los grandes cambios se deben a la práctica de cirugías cada vez menos agresivas, en las que se necesitan menos incisiones y abordajes por lo que el período de convalecencia es menor.

Actualmente solo las grandes cirugías correctivas necesitan una semana o diez días de convalecencia.

Algunas hernias discales pueden operarse en régimen semi-ambulatorio. Las fusiones vertebrales cortas y las sustituciones discales apenas requieren 2-4 días para el alta y, en cualquier caso, el paciente está levantado y caminando al día siguiente de la operación. El uso de corsés no siempre es obligatorio y se puede iniciar la fisioterapia muy precozmente si es necesario en caso de que resulte necesario.

Siguen existiendo cirugías complejas, pero son aquellas que ni siquiera llegaban a plantearse hace unas décadas, por lo que puede que en unos años este tipo de operaciones también se simplifiquen.

Hablando de implantes, ¿es necesario utilizar implantes en todos los procedimientos?


En absoluto, son el sentido común, el arte y la experiencia de cada cirujano los que rigen el tipo de tratamiento. Los resultados en el tratamiento del dolor de espalda son mejores cuando se consigue encontrar una explicación biomecánica de la causa pudiendo corregir el fallo de forma específica. A veces se trata de alinear algo o modificar un ángulo para que los balances de la espalda se equilibren. No es tan simple como soldar vértebras para que dejen de moverse ni tampoco recambiar un disco para que vuelva a moverse. Cada caso debe ser estudiado e interpretado individualmente con el fin de encontrar la mejor solución, en ocasiones necesitaremos implantes y en otras no.

En general podemos decir que si el dolor de espalda no es una parte principal del síndrome, no harán falta implantes. Hay muchos implantes cuya utilidad está todavía por demostrar y su uso es ambiguo. Es importante informar bien a los pacientes de las expectativas reales si un procedimiento puede hacerse con o sin implantes, para que ellos participen y asuman las diferencias en costes y riesgos. En la sanidad pública, el cociente coste/beneficio debe tenerse muy presente, ya que con el desarrollo permanente de nuevos implantes no siempre mejores que los existentes, pero siempre más caros, puede hacer que el coste de la salud sea inasumible.

¿Qué consejo le daría a alguien a quien un profesional le ha propuesto cirugía lumbar?


Hay casos en los que resulta completamente imprescindible la cirugía lumbar, en cambio en casos menos graves recomiendo probar primero tratamientos de tipo conservador y ejercicio físico personalizado y guiado por un profesional.

Sin duda es con lo que yo personalmente estoy observando los mejores resultados no sólo en cuanto a mejoría de los síntomas, sino en la permanencia de esos resultados.
Si todo lo demás fracasa y se recibe la primera indicación de cirugía por parte de un profesional, yo recomiendo buscar una segunda o incluso una tercera opinión.

Hay muchos pacientes que vienen asustados porque les han dicho que si no se operan pueden quedarse en silla de ruedas. En patología crónica, aunque existe la posibilidad de acabar en una silla de ruedas, ese final es altamente improbable y, en todo caso, no se presentaría de forma repentina.

En términos generales, la decisión de operarse de patología crónica lumbar es una cuestión de calidad de vida, no de amenaza para la salud. Se puede vivir perfectamente con dolor lumbar y sin operarse, ahora bien, no tiene sentido sufrir si hay una solución quirúrgica con riesgo aceptable.

El profesional debe guiar y ayudar al paciente a tomar la decisión, pero difícilmente podrá ponerse en su lugar para tomar la decisión por él, ya que el hecho de sentir dolor es totalmente decisivo y cada persona vive y siente el dolor de una forma distinta.
Se debe elegir al profesional por su experiencia, claridad y honestidad con la que nos transmita la información de todas las posibilidades existentes.


En colaboración con iEspalda
Dr.. Diego Ferrández

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Última actualización: 17/08/2018
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