¿Para qué se usan las hombreras deportivas?

Cualquier lesión de hombro es un incordio. Puede que no sean las más lacerantes, pero condicionan cualquiera de nuestros movimientos habituales. Alcanzar un objeto, cargar un peso, estirar el brazo o simplemente dormir de costado se convierten en un auténtico suplicio porque un punzante dolor nos recuerda que el problema físico aún no se ha solucionado. Sigue ahí.

 

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El exfutbolista Aitor Ocio es un buen ejemplo. Su hombro desgració la fase final de su carrera deportiva. Sufrió una primera luxación de hombro cuando jugaba cedido en el Osasuna (en 2000) y casi diez años después tuvo que pasar por el quirófano para poner fin a unos problemas que había arrastrado a su paso por el Sevilla y el Athletic Club. Y es que su posición de defensa central –siempre obligado a chocar con los atacantes- no le permitía recuperarse debidamente. El trabajo de musculación y las inyecciones ya no eran suficientes, por lo que se vio abocado a la operación.

 

Buena parte del tiempo –en el que ganó dos copas de la UEFA, una Supercopa de Europa y una Copa del Rey- utilizó una hombrera deportiva, que comprime y protege la zona lateral superior del torso. Ni reduce la movilidad ni afecta a la comodidad del lesionado, pero sí permite una mayor sujeción de la zona lesionada.

 

Ocio no es el único futbolista que ha visto lastrada su trayectoria por el hombro, aunque estos problemas son mucho más habituales en otras disciplinas. Jugadores de baloncesto, balonmano, tenis y otros deportes donde los brazos son protagonistas suelen ser los más afectados por este tipo de daños y los que más recurren a las hombreras deportivas. Las hay de tres tipos: medio hombro (que cubren completamente el pecho y la zona del omoplato), medio hombro manga (sujeto con cinta elástica) y bilateral, que a modo de torera de media manga enfunda toda la parte alta de la espalda.

 

Pero estas prendas de sujeción no solo están dirigidas a deportistas con luxaciones. También son habituales entre quienes sufren una bursitis subacromial (la inflamación de la bolsa sinovial, que permite el movimiento de la articulación), una miositis en la zona superior del brazo, la dichosa tendinitis e incluso las malditas roturas de clavícula que traen de cabeza tanto a ciclistas como motociclistas, la gran mayoría de la parrilla y medio pelotón pueden dar fe de ello.

 

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